¿Cómo podemos aprender de #TimesUp?

0
107

La representación cultural es importante. Imaginen que realizan una película sobre la vida de Leona Vicario o de Elena Garro y para el papel principal contratan a una actriz estadounidense, y que generará muchísima publicidad porque pasará cuatro horas diarias en el área de maquillaje “convirtiéndose” en la escritora. Los titulares le dan mucho espacio porque es una actriz de moda, y de repente, la historia de la vida de Garro o de Vicario pasa a segundo o tercer plano. O peor aún, imaginemos que la película –inicialmente- se trata de la vida de alguna de estas dos mexicanas, pero realmente gira en torno en su relación o su matrimonio. Entonces se convierte en la película de Elena Garro, pero cuando estuvo casada con Octavio Paz. ¿En realidad la película, en cualquiera de los dos escenarios, se trataría sobre la escritora? No.

La representación cultural nos permite apropiarnos de identidades compartidas y de momentos que nos pertenecen. Por eso, el tema de la representación ha tomado gran importancia en la industria cultural y artística, y cada vez más conocemos quiénes la conforman. Los que trabajan en esta industria también se han convertido en protagonistas de la historia cultural que estamos forjando.

Por eso, el caso del productor Harvey Weinstein tuvo tanto eco en la prensa internacional: se trata de la figura más importante dentro de la filmación de una película, pues el productor debe procurar todos los recursos, el talento, la logística, la distribución y la publicidad, entre otras funciones, de la pieza cinematográfica. Por eso, cuando se entrega el Óscar a la Mejor Película, quien recibe la estatuilla es el productor. En este caso, conocimos de primera fuente las experiencias de muchísimas actrices o de empleadas de la industria que sufrieron acoso o abuso sexual de parte del productor. El que hubiera muchas actrices famosas y caras conocidas es lo que le dio legitimidad. De repente, Salma Hayek, Ashley Judd y Rose McGowan “nos representaron” a todas las mujeres que hemos sufrido acoso o discriminación en lugares de trabajo solo por cuestiones de género.

No significa que sus historias sean más importantes que las de millones de mujeres “anónimas”; sino que precisamente por gozar de reconocimiento y plataforma pública, pudieron hablar por otras que no han podido. Los movimientos #MeToo #TimesUp, y otros, surgieron por esa celebridad y por el alto perfil de las que acusaron. Eso es “representación”. Cuando mi identidad o mi historia se convierte en algo tangible, válido y valioso, gracias a un tercero que, como yo, ha pasado por lo mismo.

En México, sin embargo, continuamos creyendo que la representación es sinónimo de “generalización”. Entonces, si vemos que una persona con mucha visibilidad ha sido victimizada y sobre victimizada posteriormente por los medios de comunicación, las leyes, las redes sociales o las instituciones, entonces generalizamos su historia y consideramos que todas aquellas personas que se sintieron representadas deben ser re victimizadas en la misma magnitud. Frases como “de seguro lo hizo por la fama”, se convierten en “de seguro lo hizo por el puesto”, “de seguro lo hizo por atención”. La generalización y la representación tienen una gran diferencia: la empatía.

#TimesUp en México, debería ayudarnos a replantear cómo podemos tomar esa plataforma para representarnos y proteger nuestras historias. El acoso no solo está en Hollywood, no solo le pasa a mujeres que quieren ascender laboralmente, no está relacionado con la necesidad de atención masculina: es un problema que puede pasar a cualquier persona, de cualquier género, en cualquier contexto social, laboral o económico. Por eso, #YaEsTiempo de dejar de estigmatizar y empezar a tomar como legítimas las experiencias de vida de quienes nos rodean.

SUSTENTO

https://www.timesupnow.com/

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here