Gran concierto de Paul McCartney que ofreció en el Estadio Azteca

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Como una gran familia, 48 mil 300 asistentes se reunieron este sábado para sumarse uno a uno al concierto que Paul McCartney ofreció en el Estadio Azteca. Éxitos de los Beatles, de Wings y por supuesto de su carrera como solista fueron parte de este espectáculo visual y sonoro que comenzó a las 21:18 horas con “A hard days’s night”.

“Hola México. Buenas noches Ciudad de México. Esta noche vamos a cantar desde canciones viejas hasta nuevas y vamos a tener una fiesta”, dijo el ex Beatle después de “Can’t buy by love” y levantar un ánimo que siguió con “Let me roll it” y “I’ve got a feeling”

Caras de incredulidad por ver y escuchar a su ídolo se combinaban con los aplausos y los ojos humedecidos de algunos asistentes. Pero cada que Paul McCartney levantaba su guitarra o se acercaba al piano, los aplausos y el vitoreo eran unánimes. “Fuerza México”, “Muchas gracias”, otras frases en español y los acordes que daban pie a cantar “olé, olé, olé” eran la manera en que el cantante demostró su cercanía con los mexicanos.

Vestidos como soldados, con cortes parecidos a sus ídolos, con playeras de los Beatles, gorras de Paul McCartney y un sinfín de artículos, fans que no pasaban los diez años se unían a los más grandes que por un momento dejaron sus problemas para bailar y cantar frente a la leyenda viva que se volvió punto de referencia para la música contemporánea. .

Un viaje en el tiempo que incluyó a “You won’t see me”, “Love me do”, “And I love her” y “Blackbird” contrastó con una romántica versión de “My valentine” que dedicó a su fallecida esposa Linda.

Sir Paul McCartney se tomó el tiempo de recordar a grandes figuras de la música como Jimmy Hendrix y los Rolling Stones. “Escribí esta canción para mi carnal John”, dijo en español antes de cantar “Here Today”. “Esta se la dedico a mi cuate George”, dijo para dar paso a “Something”, donde las luces de los celulares encendieron el Estadio Azteca; ““Gracias a George por escribir esta bella canción”.

La melancolía, los llamados de paz y el grito para seguir la lucha por los derechos humanos fue un continuo que se sumó con el ritmo y la gracia del cantante que durante más de dos horas tocó uno a uno el corazón, los recuerdos y los sueño de miles de asistentes que se rindieron ante Sir Paul McCartney.

 

ESDM

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