Tolerancia sin adjetivos

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El debate que dividió prácticamente a la sociedad mexicana el pasado fin de semana se dio por el posicionamiento del concepto de familia sin adjetivos.

Por un lado el sábado 10 de septiembre se manifestó el movimiento Frente Nacional por la Familia, que presume estar integrada por millones de ciudadanos preocupados por la defensa de la familia y sus valores, así como por miles de asociaciones religiosas y civiles. Convocó a una mega marcha que se desarrollaría de manera simultánea en diferentes ciudades del país, bajo la misma consigna, defender el modelo de familia tradicional y bloquear el proyecto de ley sobre matrimonios igualitarios enviada al Congreso por el presidente Enrique Peña Nieto.

Y por otro lado, la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual (LGTTTBI) por el derecho a un matrimonio igualitario, al día siguiente salió a las calles en defensa de la  propuesta del gobierno federal que considera:

Modificar 14 artículos del Código Civil Federal para eliminar la premisa que indica que la finalidad del matrimonio es “perpetuar la especie”. Ahora se señalaría el matrimonio como la unión libre de dos personas mayores de edad que tienen la intención de tener una vida en común para procurarse ayuda mutua, respeto, igualdad y solidaridad. Las personas tendrían derecho a formar una familia no importando su orientación sexual. Se eliminarían los términos que definen al matrimonio exclusivamente como una unión entre hombre y mujer. Se buscan condiciones de igualdad para la adopción: se pretende dejar de negar el derecho a ser adoptado de un niño o niña por la orientación sexual de los adoptantes. Las personas podrían solicitar la expedición de una nueva acta de nacimiento para el reconocimiento de su identidad de género sin que sea necesario someterse a un procedimiento médico de reasignación de sexo.

Hay que apuntar que las asociaciones que se oponen a esta iniciativa, tergiversan su propósito y contenido. Manifiestan que es una aberración que dos personas del mismo sexo puedan criar a un menor en las mismas condiciones que la haría un matrimonio heterosexual; que la educación sexual no le corresponde al Estado, sino al padre de familia; que los niños puedan decidir un cambio de sexo desde el preescolar sin que el padre pueda hacer algo; que los libros de texto gratuitos promoverán la homosexualidad; y  que si te opones a cualquiera de los anteriores serás castigado por las autoridades.

En respuesta a esto el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) tuvo que emitir un decálogo en el que hacía precisiones al Frente Nacional por la Familia entre los que destacan que esta prohibido todo acto de discriminación por preferencias sexuales como lo mandata la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; y que el artículo 4º de la Constitución Mexicana protege la organización y el desarrollo de la familia por lo que es incorrecto asegurar que el modelo de familia ideal sólo es el conformado por un hombre y una mujer.

Las posiciones y argumentos a favor y en contra de los matrimonios igualitarios son muchos, lo cierto es que vivimos en una democracia del siglo XXI, en donde debe haber cabida para todas las formas de pensar y de vivir. Por eso uno de los valores que cualquier país que se considere democrático debe promover es el de la tolerancia sin adjetivos y esto incluye el respeto a todos aquellos que no piensen como uno, ya que radicalizar las posiciones nos lleva al encono y a la ruptura de la sociedad. El apotegma de Juárez “el respeto al derecho ajeno entre la individuos como entre las naciones para la lograr la paz”, toma validez, incluido el papel de la laicidad garantizada por el Estado.

En una sociedad moderna la diversidad es una regla de la convivencia humana y por lo mismo no existe un modelo de familia tradicional, debemos reconocer que no solo existen los hogares homoparentales que buscan formar una familia, también existen madres solteras, padres solteros, mujeres y hombres solos, aquellos adultos que deciden vivir para compartir gastos, abuelos con nietos en fin, y todos ellos merecen el mismo derecho de tener una vida en común.

Las razones de no aprobar los matrimonios igualitarios como un derecho se fundamentan principalmente en planteamientos religiosos y tradicionalistas, dejando de ver que la ley nunca debe perder su objetividad y no puede estar expuesta a los intereses políticos o ideológicos de cualquier grupo y organización. Nuestro país vive un delicado momento de polarización social y las posturas intransigentes sólo alimentan la división de los mexicanos. El tema además pasa por una coyuntura política en la que se adelantan la tiempos de la sucesión sexenal, así los partidos políticos y grupos de interés comienzan a posicionarse con miras al 2018. Con esto lo que se busca es como dice el dicho, “a río revuelto ganancia de pescadores”. La única que pierde es la sociedad mexicana.

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