La cruel pedagogía del virus II

La semana pasada comenzamos a analizar el libro del sociólogo brasileño Boaventura de Sousa Santos, quien describe desde varios puntos de vista la pandemia que estamos viviendo y cómo afecta de manera diferente a los diversos grupos sociales.

En su tercer capítulo “al sur de la cuarentena” el cual denomina que el sur no es un espacio geográfico, sino un espacio-tiempo político, social y cultural. Lo define como una metáfora del sufrimiento injusto causado por la explotación capitalista, la discriminación racial y la sexual. Analiza el efecto que tendrá la pandemia sobre los grupos sociales más vulnerables.

Las mujeres, quienes son consideradas “las cuidadoras del mundo”, ellas que no pueden defenderse contra una cuarentena para garantizar la de los demás, porque serán ellas quienes atiendan a los enfermos de la familia. Al haber más manos disponibles en casa, podría haber mayor distribución de las tareas; sin embargo, debido al machismo Boaventura prevé que el trabajo en casa aumente, así como la violencia contra las mujeres.

Los informales, aquellos que se ganan la vida en las oportunidades que genera el comercio o encuentran trabajos eventuales y son los primeros en ser despedidos en tiempos de crisis. El autor estima que, en América Latina, alrededor del 50% de los trabajadores están empleados en el sector informal, un dato que no muy alejado de la situación de México. Para ellos la opción de un auto confinamiento es inviable, ya que se encuentran en la disyuntiva entre un posible contagio o no comer.

Residentes de las periferias, los pobres de las ciudades que las condiciones de vivienda de sus países no fueron planeadas adecuadamente y ahora el hacinamiento y la poca distancia hacen inviable una adecuada cuarentena. El 25% de la población mundial vive en barrios informales sin infraestructura ni saneamiento básico, sin acceso a servicios públicos, escasez de agua y electricidad.

Sólo son algunos de los grupos vulnerables, ya que faltaría hablar de discapacitados, internos en centros de reclusión, personas de la tercera edad. Y el efecto negativo que tendrá la pandemia sobre la forma de vida de estos grupos.

Será necesario planear políticas públicas específicas para atender las consecuencias que desde ahora ya están afectando la calidad de vida y la de sus familias, ya que se prevé que la pandemia dure hasta el 2021.