El Tigre Aguilar se quiso anotar en la pelea por Puebla y Marko Cortés lo frenó: “No te metas”

El operador poblano, cercano a Cortés, quería contender. En el CEN creen que la interna morenovallista se tiene que resolver sola. Los miedos de Marko.

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Como un cactus en el desierto, Marko Cortés decidió que la mejor estrategia para sobrevivir en este desierto llamado 4T es la involución. Una suerte de repliegue que ya se traduce en un silencio hermético y una invisibilidad mediática preocupante para la militancia panista.

Cortés entiende que en 2019 enfrentará, casi seguro, un año de durísimas derrotas. Y coincide justo con sus primeros desafíos como dirigente nacional del panismo. El cálculo no puede ser más duro: perderá las dos gubernaturas en juego, la mayoría de los ayuntamientos y conservaría apenas un puñado de diputados locales.

Con un panorama tan desolador, Marko considera que la responsabilidad para seleccionar candidatos, y para comandar las campañas debe recaer sobre las espaldas de los gobernadores, eventuales aliados que -de intervenir en sus terruños- podrían rebelarse contra su liderazgo.

“Si ellos ponen candidatos, y lideran las campañas, serán ellos los responsables de las derrotas. Si nos metemos, se vendrán en mi contra”, es el argumento que suele repetir en privado el joven dirigente. Y algo de razón tiene.

Pero veamos el detalle. En Baja California, se espera una verdadera catástrofe. Se trata de un histórico bastión azul. Y cualquier candidato de Morena arranca hoy con una ventaja de más de 20 puntos sobre el panismo. Se espera, desde luego, un efecto catarata para el congreso local y los 5 ayuntamientos que se eligen.

Aguascalientes también tiene un gobernador panista. Allí se elegirán 11 ayuntamientos, pero todas las miradas caen sobre su capital, que concentra casi el 50% del padrón. Allí el problema es que gobierna la alcalde panista María Teresa Jimenez Esquivel -amiga personal de Marko-, quien es rechazada por el gobernador Martín Orozco.

El gobernador empuja como candidato en la Ciudad a Julio César Medina Delgado. “Si logra imponerlo, perdemos todo. La única que puede ganar es Tere. Pero que se haga cargo Martín”, aseguran en el CEN del PAN con miedo.

Es el mismo escenario en Puebla, terruño de un control férreo del morenovallismo. Con la muerte del matrimonio, y una desbandada de los seguidores de Rafa, Marko también da por perdida la entidad.

La lectura es tan pesimista que hace unos días Humberto “El Tigre” Aguilar -operador de Marko- le expresó su intención de anotarse en la pelea. “No te metas, es para problemas. Que la interna la resuelvan ellos”, dijo en referencia a los pocos morenovallistas que siguen aspirando por la candidatura.

En Durango la situación no es muy diferente. José Rosas Aispuru tendrá una parada brava: en 2018 Morena ganó 11 de 15 distritos federales. Como ocurrió en el recuento nacional, AMLO sacó más votos que Meade y Anaya juntos. Ahora se disputan 39 ayuntamientos. ¿Cuántos podrá retener el blanquiazul?

Quizás el escenario más favorable sea Tamaulipas, en donde Cabeza de Vaca sí logró contener el tsumani AMLO, al menos en el plano local. El gobernador consiguió sostener su poderío territorial con los municipios (Morena apenas consiguió 5) mientras el PAN, en soledad o en suma con el Frente, se quedó con una treintena. Ahora se disputarán las 36 curules del congreso local.

Fuente: La Política Online

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