El entorno de AMLO cree que Romero Deschamps digita un boicot desde su “exilio”

El sindicalista se fue de "vacaciones" y en la 4T creen que permanecerá más tiempo en el exterior para evitar acusaciones por el desabasto.

Son días bravos en Pemex. El desabasto que sufren varias entidades del centro del país empiezan a generar un fuerte malestar en el población, que hace largas colas para garantizarse el suministro de gasolinas. El Gobierno ya salió a explicar oficialmente que se trata de un “reacomodo” en su estrategia de distribución, argumento que muchos especialistas ponen en duda.

Ocurre que apenas un 12% de la distribución de la gasolina en México ocurre a través de auto-tanques, más conocidas como “pipas”. La enorme mayoría de la entrega desde las refinerías y los centros de almacenamiento -arriba de un 76%- ocurren a través de ductos. “No alcanzan los camiones disponibles y registrados para reemplazar ese canal de distribución”, aseguró a LPO Ramsés Peche, analista petrolero.

El interrogante que empieza a circular es cómo hará el gobierno para enfrentar los costos económicos, si en los próximos días no se normaliza la distribución. El problema es que México importa desde Estados Unidos 600 mil barriles diarios de gasolina y unos 280 mil barriles de diesel.

“Si no puede mover la gasolina de sus refinerías, tiene dos opciones: o baja su producción o bien detiene temporalmente la recepción de sus importados. La dos tienen un costo potencial muy alto”, explicó un consultor de Pemex que prefirió el anonimato.

En efecto, México tiene una capacidad de almacenaje equivalente a sólo dos días días de consumo. Es decir, no tiene espacio físico para acopiar la gasolina que no está distribuyendo en medio de estos cambios. Frenar su refinación, implicaría eventuales daños en sus ya desgastadas refinerías. Detener la recepción de las gasolinas importadas, un potencial costo por el almacenaje del otro lado de la frontera.

“Falta información. No está claro qué está ocurriendo ni qué camino están tomando. Pareciera que no hubo un plan de contingencia frente a un escenario como este”, opinó Pech.

El entorno de López Obrador, sin embargo, considera que estos impactos eran inevitables por la batalla frontal que se está dando a los negocios enquistados entre la vieja burocracia premium de la petrolera y el sindicato a cargo de Romero Deschamps. El mensaje del Presidente fue claro: desde su óptica, el huachicoleo era una “pantalla” para justificar los desvíos que ocurrían desde adentro.

La idea de militarizar las instalaciones estratégicas -muchas de ellas controladas por “trabajadores sindicalizados”, según el propio AMLO- responde a un plan ya diagramado para debilitar al histórico líder del gremio petrolero, como anticipó en su momento LPO. Olga Sánchez Cordero envió también su mensaje de advertencia.

Un dato: semanas atrás, en medio de una embestida que ya tomaba fuerza, Romero Deschamps decidió salir de “vacaciones”, de las que todavía no regresó. En Morena empieza a crecer la idea de un boicot digitado desde el exterior.

Con el control de una estructura operativa sindicalizada que domina gran parte de la distribución vía pipas. “La Justicia habilitó años atrás la contratación de empresas privadas para que el monopolio no lo tenga más el sindicato, pero los precios son más caros”, explica la misma fuente de Pemex.

El entorno de López Obrador cree que la resistencia de Romero Deschamps irá cediendo en la medida que tome fuerza el otro sindicato, impulsado por Rocío Nahle y con fuerte apoyo Luisa María Alcalde Luján. En el mismo tiene un rol preponderante José Luis Peña, esposo de la secretaria de Energía quien fuera echado de Pemex por Emilio Lozoya. 

Fuente: La Política On Line

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