Vamos a hablar de amor

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El amor, o la relaciones de pareja, son un tema universal. No existe persona en este mundo a quien no le interesen en la relaciones de pareja. Es posible que en mayor o menor medida, o incluso para declararse en contra de ellas; pero no hay duda que el amor es un tema que llena páginas de libros, de poemarios, la música el cine; vende revistas. El amor incluso vende productos y provoca milagros. El amor mueve a esta sociedad.

Entonces, ¿por qué es tan complicado el amor? ¿Por qué las personas le huimos, acudimos a terapia, lo anhelamos o lo rechazamos?

En principio, vamos a partir de la noción de que existen diferentes formas o nociones de amor. Diferentes representaciones y acercamientos desde distintas disciplinas. Por esta ocasión vamos a centrarnos solo en lo que el amor representa para nuestros tiempos y cómo se ha adecuado a virtudes y vicios de los últimos años.

Desde que nacemos, algunos dicen que incluso desde antes, conocemos al amor. Dependiendo de las circunstancias, de diferentes contextos, somos el sujeto del amor. Si nuestra madre, si nuestros padres se aman o se amaron, nosotros “heredamos” una forma de amar y ser amados. Nacemos y la forma en que nos cuidan, cómo somos atendidos y cómo empiezan a criarnos nos enseña sobre el amor.

Es en esta interacción que empezamos también a, de alguna forma, corromper o configurar nuestra propia definición de amor y, ante todo, de cómo son las conexiones amorosas con diferentes personas. El amor filial, hacia nuestra madre, hermanos, padre marca la mayoría de nuestras relaciones personales, pues no conocemos muchas otras personas con las que relacionarnos. Y esto, a su vez, nos lleva a un vínculo interesante, pues es también a través de estas relaciones personales que empezamos a concebir al mundo, al bien, al mal, lo correcto o lo equivocado. O sea: el amor nos hace definir la forma en que vemos al mundo, a nosotros mismos y a los demás.

Por eso, en la actualidad, tantas y tantas corrientes de la psicología y desarrollo humano sugieren que es en la infancia cuando se deben generar relaciones armoniosas y exitosas, para asegurarnos que ese niño se ame a sí mismo, a los demás y a su entorno, y que perdure hasta la vida adulta, cuando se convierte en un ser humano completo, consciente y libre.

“Entonces, Mariela, ¿por qué sufrimos por amor? ¿Hay algo malo?”

No. En absoluto. Sufrimos y continuamos cayendo en relaciones dolorosas por la misma manera por la que un negocio fracasa o un país no prospera: porque, en el mejor de los casos nos enseñaron a amarnos y a dar amor… pero nunca nos enseñaron a recibirlo o a estar preparados para cuando nos rechazan, para la frustración, para la aceptación y para dejar de dar amor cuando es necesario. No nos enseñan a poner límites o a manejar nuestras frustraciones.

No nos dicen que muchas veces, “amor” significa “no”. Que “amor” significa compartir y hacer compromisos, mas no sacrificio o sumisión. Que a veces nos vamos a tener que escoger a nosotros, pero otras vamos a tener que escoger al otro, sin que esto signifique la pérdida de nuestra esencia o autonomía. Que se encuentra amor en la soledad, en el silencio, y no solo en los grandes gestos o demostraciones.

Como dice un libro, donde se narra la vida de un gran sabio, divino maestro, muy ignorado e incluso rechazado: “Sólo el amor vive para siempre.“ Reflexiona.

Nos leemos después

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