La compasión en tiempos de cólera

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Le tenemos miedo a lo disruptivo. Aquello que nos saca de nuestra zona de confort o que representa un riesgo para lo que hemos considerado como “normal” nos da temor, nos causa angustia y rechazo. Pocas veces nos damos tiempo de analizarnos y de aprender de la incomodidad, cuando realmente es una oportunidad transformadora.

Leo, por ejemplo, artículos que se “ajustan” a lo que los lectores queremos leer. Gurús de la postmodernidad que nos invitan a desechar todo aquello que es ajeno o que nos obligue a vernos con mirada crítica. Todo lo que nosotros hacemos, de acuerdo a estos “maestros de vida”, es “válido”, está bien. Mientras que todo lo ajeno “nos hace daño” y debemos apartarlo de nuestras vidas. Estudios que pregonan que mientras más nos centremos en nosotros, menos problemas y más “prosperidad” tendremos. O sea, que todo lo que representa lo extraño, la “otredad” es una amenaza y un tumor que debe ser extirpado.

Si lo reflexionamos bien, la consecuencia de esto no trae nada bueno a la sociedad. Hace relucir que somos más intolerantes que nunca, más territoriales, autoritarios y, por supuesto, solitarios. A gran escala, este mismo criterio es el que causa el racismo, el clasismo y el machismo. “Mientras yo esté bien y cómodo, todo estará bien; por lo que aceptar lo extraño o al otro me quita comodidad y bienestar”. Si analizamos al colega o al amigo, o al familiar que piensa de esta manera, y contrastamos sus posturas respecto a temas sociales, nos daremos cuenta que tienden a ser más bien conservadores respecto a estos temas como migración, feminismo, raza, etcétera. O evitarán tener una postura porque “les quita la paz”.

Estas personas se están negando a sí mismos una posibilidad: trascender. Nosotros no trascendemos mientras mejor nos conozcamos a nosotros mismos, o mientras más sintamos “liberación” mental o emocional; sino que trascendemos en cuanto podemos usar este bienestar y liberación respecto a todo y a todos: o sea, a lo otro, lo extraño, lo incómodo. Porque, ¿de qué puedes sentirte liberada(o) mientras te aíslas de la vida, la gente o las experiencias nuevas o diferentes? ¿Cómo puedes encontrar la paz mientras evitas los conflictos prácticos de la vida? Yo le llamo temor. Esconderse para evadir la felicidad, los colores, los contrastes y encontrar la belleza y el amor dentro del mismo caos que representamos y que representa la vida.

La compasión, que es un regalo que debemos empezar a darnos a nosotros mismos, es un acercamiento a estas situaciones diferentes, a esta gente distinta y a las experiencias incómodas. Tratar con bondad, contemplación y maravilla a todo y a todos, sean de nuestro sexo o no, de nuestro país o extranjeros, blancos, indígenas, negros, compartan nuestra orientación sexual o no; o incluso les caigamos bien o no. La compasión es la apertura y la bondad, la tolerancia, el perdón y la aceptación, la conciencia y la generosidad.

Cuando aprendemos a ver y tratar todo con compasión, empezamos automáticamente a sanar y a liberarnos, sin necesidad de procesos o terapias complicadísimos, doctrinas estrictas, retiros, regímenes alimenticios, nacionalidades, ideologías o religiones.

Abre tu corazón y tu vida a experimentar y a aceptar todo con compasión. Te prometo que es la mejor manera de alcanzar la felicidad.

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