Aprieta el acelerador cuando sea preciso

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Cuando aprendí a nadar, pregunté al instructor un día cuánto tiempo debía durar sin respirar abajo del agua. “Lo que se necesite”, me respondió. Cuando aprendí a manejar, hice la misma pregunta: “¿Cuánto debo tardar en arrancar, en dar una vuelta en U?”. El profesor contestó con un poco más de calma: “Aproximadamente unos 20 segundos. Hoy vas a tardar más, después vas a tardar menos. Pero ten siempre en cuenta que si tienes 20 segundos para dar la vuelta, no debes gastarte menos de esos 20 segundos”.

Ignoro completamente si lo que dijo el instructor de manejo era cierto, nunca he contado el tiempo que me tardo en dar una vuelta en U; pero definitivamente sé que no me tardo 20 segundos. La práctica, como lo vaticinó, ha hecho que sea una maniobra más bien fácil, donde la atención es más importante que el tiempo que tardo en realizarla. Lo mismo pasa cuando nado. No me meto al agua contando los segundos. Mi cuerpo, mis pulmones, me indican cuándo es tiempo de respirar y fui ajustando mi brazada de acuerdo a esta reacción.

Con esto quiero decir que todas las cosas toman su tiempo. Nada dura más ni menos de lo que está planeado y, aunque suene muy trillado, nada nos llega antes de lo que necesitamos.

Es muy común querer forzar las cosas, apresurarlas. Pero pasa lo mismo que cuando se está aprendiendo a manejar y queremos dar una vuelta en U en menos de 20 segundos: no manejamos de forma armoniosa la maniobra de soltar el clutch y soltar el acelerador y el auto se nos apaga. Entonces, en lugar de 20 segundos, tomamos más tiempo. Así es en la vida. A veces queremos ver los resultados de nuestro aprendizaje tan rápido que “atoramos” la máquina.
El acelerador debe moverse justo cuando sea preciso y esta sensibilidad no es algo que venga con un manual o tomando un seminario de 12 horas; sino se trata de ir conociéndonos y de ir midiendo el contexto en el que nos encontramos.

Por ejemplo, es posible que seas una repostera excelente y que tengas la idea de emprender tu pastelería. ¿Qué es lo primero que haces? ¿Mandar a imprimir las tarjetas? ¿Comprar un horno industrial? ¿Solicitar un préstamo en el banco? Son todas respuestas que he visto. Las personas nos apresuramos a emprender en cuanto la idea surge y se implanta en nuestras cabezas pero, ¿tenemos un modelo de negocio? ¿Sabemos cuáles son nuestras metas a corto, mediano y largo plazo? ¿Nos hemos entrenado, aunque sea informalmente, en finanzas? ¿Nos hemos acercado a pedir el consejo de alguien que ya esté emprendiendo? Si la respuesta a estas preguntas es “no”, entonces no estamos listas para abrir la mejor pastelería de la ciudad. Todavía no es tiempo. Corremos muchos riesgos y no tenemos los elementos suficientes para hacerle frente a diferentes circunstancias. Precisamos planeación.

Todo es factible en la medida en la que aterricemos nuestros sueños en planes, los planes en estrategias y las estrategias en pasos que debemos tomar de manera constante y ordenada. La vida ya pasa demasiado rápido como para agregar el estrés o la frustración de no poder alcanzar nuestras metas porque fuimos demasiado ansiosos. Esto pasa en muchos aspectos de nuestra vida y no son cosas demasiado complicadas de trabajar o controlar. ¿Quieres una casa? Haz un plan y toma el riesgo de comprarla cuando estés preparado. ¿Quieres una familia? Trabaja en aquello que te hará excelente madre y la mejor organizando tu tiempo. Y cuando estés lista o listo, da el paso, aprieta el acelerador.

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