2 de octubre en el olvido

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Nos encontramos a 50 años de uno de los episodios más trágicos del México moderno, la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco, en la Capital del país, donde cientos de jóvenes estudiantes perdieron la vida en lo que se consideró un crimen de Estado.

¿Después de 5 décadas los millenials saben lo que significó el movimiento estudiantil de los años 60? ¿Sabrán que fue un movimiento internacional que tuvo repercusiones en Estados Unidos, América Latina y Europa? ¿La importancia que tuvo para movimientos sindicalistas? ¿Sabrán de la influencia que tuvo en los movimientos revolucionarios de América Latina?

¿Qué aportes tuvo el movimiento del 68 a la democracia del país? Los cambios no fueron inmediatos, ya que sólo 3 años después el Estado volvió a atacar a estudiantes en la matanza de corpus christi o también llamado “halconazo”, donde perdieron la vida más de 120 estudiantes que se manifestaban en apoyo a la huelga de los estudiantes de la Universidad de Nuevo León.

Los cambios democráticos vinieron hasta 1977, después de las criticadas presidencias de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echevarría, donde el partido hegemónico se consolidó, no tenía contrapesos y existía un presidencialismo exacerbado. Por ejemplo, en las elecciones del 76 el PRI no tuvo contendiente a la presidencia de la república por parte de su principal rival Acción Nacional. López Portillo y su 100% de votos a favor debilitaron la imagen de la democracia en nuestro país, por lo que el PRI, tuvo que legislar la primera reforma política de peso, que fue la primera acción de lliberalizacion política que vivimos en nuestro país.

El 2 de octubre de 1968 fue esa chispa que comenzó el proceso de transición democrática que ha sido el más largo en la historia política de América Latina, tan es así que hasta después de 32 años se logró que el PRI perdiera la presidencia de la república, algo impensable para esas 3 décadas más que mantuvo el poder. Algunos líderes del movimiento estudiantil hoy son testigos de los efectos políticos y sociales que tuvo la masacre estudiantil de la plaza de las tres culturas. Podemos a partir de la tragedia de 1968, marcar otras fechas que son importantes para la vida institucional de México. La alternancia en el poder ejecutivo del año 2000 con Vicente Fox, que resultó insuficiente para lograr un cambio de régimen político; la elección de Calderón en 2006, que fue producto de un fraude electoral en pleno siglo XXI, lo que dio como consecuencia la militarización del país y el inicio de un Estado fallido; continuó con el regreso del PRI a Los Pinos, en la figura de Peña Nieto,cuya gestión tuvo un momento de fulgor con el Pacto por México y las denominadas reformas estructurales, pero que dio al traste por los actos de corrupción y la continuación de la guerra contra la delincuencia organizada, que se convirtió en un narcoestado.

La democratización del país, sin embargo continúa, aunque bajo reservas. El modelo neoliberal que empezó con Salinas, continuó con Fox y se potencializó con Peña, esta a punto de agotarse, más que por el avance de sus opositores en nuestro país, por la llegada a la presidencia de EEUU de un capitalista como Trump. El fracaso de las negociaciones del TLC de forma trilateral y el acuerdo económico que se firmó entre Mexico y EU a favor de los intereses de la industria automotriz norteamericana con la posterior incorporación de Canadá, nos muestran que el modelo económico de libre mercado se agotó y hoy ya no sirve a los intereses de los capitales norteamericanos.

Este proceso democrático que vivimos el pasado primero de julio, es resultado del desgaste que ha sufrido el pueblo de México y del agotamiento del modelo económico que durante décadas ha sacrificado el crecimiento del país a costa del poder adquisitivo de las familias mexicanas.

Pero ¿qué tanto las nuevas generaciones saben o han aprendido de este largo momento histórico? Lo cierto es que la fecha del 2 de octubre no sólo no debe quedar en el olvido de la memoria colectiva, sino que debería de servir como un referente para las luchas políticas por venir, en dónde está de por medio la construcción de un nuevo proyecto de nación para México, en el que nunca más la fuerza del Estado sea utilizada para reprimir las legítimas aspiraciones de justicia y democracia en nuestro país.

La cuarta transformación que ha sido prometida a partir del 1 de diciembre, y la violencia no se resolverán por decreto, ni en las urnas, se debe prevenir y corregir, es de los principales retos que enfrentará Andrés Manuel una vez que porte la banda presidencial. Los cambios que vengan deben partir de la base, que un país sin libertades y sin un estado de derecho efectivo, no tiene viabilidad. Si estamos por iniciar un cambio de régimen para pasar ahora sí, de un régimen autoritario a uno democrático, este cambio debe incluir a todos, empezando por garantizar a la actaul y futuras generaciones el derecho a la crítica y a la participación política. De no ser así, el movimiento estudiantil del 2 de octubre seguirá en el olvido.

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