Reconoce los obstáculos que te apartan de tus sueños

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El dinero y el tiempo son las razones más recurrentes por las que las mujeres que se acercan a MISAC no emprenden o tienen miedo de hacerlo. Muchas de las que son “jefas de familia” lo han hecho por necesidad, pero sin una estrategia clara. El resultado es mucha frustración, una alta tasa alta de abandono de los proyectos y pérdidas económicas.
No obstante, el tiempo y el dinero son solo una parte minúscula de lo que nos aleja de nuestros sueños. Los principales retos se encuentran dentro de nosotras, forman parte de nuestra experiencia de vida y requieren un trabajo continuo en el que reconocemos situaciones o patrones de alerta que nos están llamando a abandonar nuestras metas.
No importa qué tan pequeño o qué tan riesgoso sea nuestro sueño.

No importa si nuestro sueño son unas vacaciones, un negocio o fama internacional. Si no trabajamos interiormente en cómo podemos lograrlos y si no vencemos estos obstáculos, muchas veces nos vamos a encontrar sintiéndonos derrotadas o sin ganas de seguir. Entonces, ¿cuáles son estas barreras?

En primer lugar está el Miedo. Así, con mayúscula. El miedo de ser exitosas o independientes. El miedo a enfrentarnos a escenarios donde no tenemos redes de soporte (familia, economía, capital, etcétera). El Miedo es paralizante y nos orilla a dejar de intentarlo, incluso antes de empezar.

Lo maravilloso de esto es que la forma más efectiva de tratar el Miedo es, precisamente, enfrentándose a él. Por partes. Es decir, aunque el miedo se sienta abrumador, siempre tiene raíces bastante racionales y siempre tiene causas muy específicas. Sobre esas sí podemos trabajar o negociar. En segundo lugar está el Pasado. Es decir, las experiencias, los fracasos, los traumas, la educación, lo aprendido en el pasado. Los rencores o los mitos que han permanecido. El pasado es poderoso cuando se convierte en quien nos aconseja qué hacer todos los días. Debemos aprender que el Pasado no es quien se enfrenta a la vida todos los días, y que tampoco será quien se lleve todas las ganancias del futuro. Todo lo que hemos aprendido lo podemos desaprender, todo lo que hemos guardado, lo debemos dejar ir, para dejar entrar nuevas experiencias. Cuando logres dejar ir el pasado, llena tu presente de buenas experiencias que te impulsen hacia adelante.
Después está la inseguridad.

¿Te dijeron de pequeña que no eras buena bailando y esto impidió que siguieras una carrera en la danza? El sentimiento de no ser lo “suficientemente bueno” es algo sumamente común en todas las esferas de la vida. Ante esto, haz afirmaciones todos los días que refuercen todo aquello –pequeño o grande- que has logrado hasta hoy. Recuérdalo y atesóralo. Háblate de lo bien que lo estás haciendo.
El cuarto es el estrés. Sin duda, la plaga de nuestros tiempos. Las afirmaciones también son buenas para manejar el estrés, y si agregas tres respiraciones profundas mientras afirmas, vas a sentirte más consciente de tu espacio.

Finalmente, la falta de propósito. Este obstáculo es “raro”, porque pocas veces nos detenemos a pensar en el propósito de nuestras vidas o en si lo estamos cumpliendo. Sin embargo, una vez que te haces estas preguntas todo cambia. Cuando pienses en tu meta, pregunta “¿por qué lo quieres?”. A esa respuesta, agrega otra pregunta utilizando “¿por qué?”. Conocerte mejor es un catalizador para alcanzar tus sueños.
Trabajar internamente se refleja hacia el exterior. Siempre recuerden que si estamos bien, podemos hacer grandes cosas.

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