El camino hacia el éxito debe llevar a la felicidad

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Durante más de 75 años, la Universidad de Harvard ha realizado un estudio sobre lo que hace felices a las personas. En este estudio se realizaron cuestionarios, se realizaron estudios médicos y se analizaron, en diferentes momentos, las metas de los sujetos. En suma, se inscribieron más de 2 mil 400 personas (la mayoría varones, blancos, de la zona de Boston en Estados Unidos, de diferentes contextos económicos y sociales) y se dio seguimiento puntal.

Uno de los investigadores actuales, Robert Waldinger, detalló en una conferencia que las aspiraciones o los sueños de los jóvenes de “entonces” (a finales de los años 30, del siglo pasado) no eran muy distintos de los sueños de los “millennials”, o de aquello que los haría felices. A pregunta expresa, ambas generaciones contestaban que la riqueza y el reconocimiento son metas importantes y el ingrediente principal de la felicidad. Sin embargo, el resultado del estudio; es decir, lo que los sujetos refieren casi ochenta años más tarde, es muy distinto. Las personas más longevas, más sanas; pero sobre todo, las más felices del estudio tienen un factor denominador: todos tienen relaciones personales duraderas y satisfactorias.

A pesar de haber llevado sus vidas por caminos y lugares distintos, todos refieren que la felicidad radica en qué tan bien se han sabido relacionar: en si se casaron con buenas personas, si han tenido una familia por la que ver, o si han tenido amigos que los han acompañado. A pesar de todos los momentos difíciles, la pérdida o la enfermedad, la felicidad finalmente no la encontraron ni en la fama, ni en el dinero. Esta es una gran lección de vida y una gran advertencia para todos aquellos que tenemos sueños.
Pasamos demasiado tiempo pensando en las cosas tan tangibles y perecederas de la vida, que pocas veces notamos que en el camino estamos dejando pasar y de vivir. Evidentemente las necesidades y los deseos prácticos de la vida nos empujan hacia cierta condición, hacia ciertas carreras o trabajos. Incluso, se convierten en un motivador importante.

Por ejemplo, la escritora J.K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter, se empujó a escribir tras una crisis matrimonial que la dejó a ella y a su pequeña hija en la pobreza. Antes de iniciar su carrera literaria tuvo la oportunidad o la decisión de tomar otros trabajos, de perseguir otras carreras y de proveer para su familia; es decir, el dinero hubiera podido ser una motivación importante que la hubiera desviado de su sueño, y es posible que hubiera tenido éxito en otros campos. Si su meta hubiera sido el mero reconocimiento, es posible que otros hubieran sido sus métodos para obtenerlo. El dinero y el reconocimiento son secundarios al éxito y a los sueños de la escritora más leída del siglo XXI.

Además, la parte de las relaciones humanas del estudio es algo que llama muchísimo la atención. Los sueños y la felicidad, se asume, no son conceptos que se vivan en solitario. Como seres sociales estamos comprometidos a convivir y compartir con otros nuestro paso por esta tierra. Por esto, es de suma importancia que consideremos de qué tipo de personas nos rodeamos pero, sobre todo, qué tipo de persona podemos y queremos ser en el camino del éxito y la felicidad para los demás.

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