Construye a tus propios héroes

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¿Qué mueve a una persona a salvar la vida de otra, poniendo en riesgo la propia? Cualquiera podría pensar que la respuesta está en un amor profundo. Tal vez de la madre al hijo, o viceversa. Pero vemos profesiones, como los bomberos o los policías, que a eso se dedican: a anteponer la seguridad y la vida de un tercero, muchas veces desconocido, ante las propias. ¿Será vocación entonces? Lo dudo, porque después de los sismos vimos a cientos de voluntarios espontáneos corriendo hacia los escombros, en estructuras colapsadas, para poder salvar la vida de otros. El heroísmo, o al menos las acciones heroicas, podría ejercitarse, ¿cierto? Unos ejercitan el heroísmo más que otras personas. Pasa lo mismo con la solidaridad, la filantropía, etcétera.

Muchas veces noto este heroísmo incluso en acciones mucho más pasivas que saltar a las llamas a salvar una vida. A veces, una mujer es heroica por haberse liberado de una vida donde reinaba la violencia o por ayudar a otras a salir de estas dinámicas. Los luchadores sociales, los defensores de derechos humanos, las feministas son héroes en estos tiempos modernos, donde la crítica en sí misma es una postura heroica y de riesgo, enfrente de una sociedad que está muy casada con pertenecer, con caer bien, con encajar; y por otro lado por ofenderse, por polarizar y por denostar.

Entonces la crítica forma parte también de la solidaridad. Cuando tomamos una postura crítica estamos marcando límites y anteponiendo a otros frente a nuestros intereses o privilegios. Si la crítica es a nosotros mismos, esto es más loable, pues estamos siendo nuestros propios héroes, estamos rompiendo esquemas o muros que nosotros mismos nos colocamos. Estamos declarando que nuestra comodidad, nuestra zona de confort, no nos está haciendo crecer o no nos está permitiendo vivir con buena calidad. Tenemos la humildad de aceptar que lo que hemos aprendido puede estar mal, que puede haber cambiado, que somos seres humanos perfectibles.

El Papa Francisco I dijo alguna vez que se necesitaban “santos modernos”, de esos que escuchan rock, que van a fiestas, que se exponen al mundo. Pero evidentemente no hablaba desde una perspectiva reduccionista de la santidad en la que millones de católicos creen. Se necesitan “santos” –o héroes- en las fiestas que le digan a sus amigos que es prudente salir, que cuiden a sus amigas o que las defiendan. Se necesitan héroes o santos que escriban canciones de rock incluyente, donde todas y todos tengan entrada. Porque eso, en estos tiempos, se ha convertido en una corriente heroica y es el status quo que se tiene que combatir: donde la violencia, la exclusión, la desigualdad son los valores que estamos enalteciendo.
Un ejercicio que a veces hago para contrarrestar el enojo que me causan estos “males” mundanos es escribir en una hoja de papel algo que yo podría hacer para mejorar la vida de otra persona. Esto me ha permitido no solo tomar distancia de los problemas, sino que también es un ejercicio que me hace ver la realidad, porque noto que muchas de las cosas que escribo son acciones tan pequeñas o que podrían parecer tan insignificantes, que entonces me hace centrarme y regresar a formar parte del universo. Por ejemplo: sonreír a la cajera del banco, abrir la puerta del carro para otra persona.

Pero incluso, la más pequeña de estas acciones puede significar 180 grados de diferencia en la vida de otro. Es la falta de empatía lo que se está comiendo al mundo y si no empezamos a trabajar, desde nosotros mismos, con el poder que cada uno tiene, las cosas no van a empezar a mejorar.

Si quieres un héroe en tu vida, empieza a ser héroe en la vida de otros. Conserva un espíritu autocrítico y practica acciones que te permitan notar qué tanta diferencia has logrado hacer en tu entorno.

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