Que nuestra voz se siga escuchando

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A unos días de conocer que el resultado de la elección para diputada local por el distrito 19 no me favorece, como ciudadana y al ser la primera vez que participo en un proceso desde este lado, he tenido muchos sentimientos encontrados.

Desde luego, sería falso decir que no me invadió la tristeza. Las primeras horas del lunes fueron especialmente complicadas, pero como la cara de un gran equipo de trabajo, lo primero que se tuvo que hacer fue vernos, reconocernos, felicitarnos, abrazarnos y agradecer por el trabajo pero, sobre todo, por la entrega y por haber creído en un proyecto de desarrollo que tuvo como padrinos a los mismos vecinos. Caminamos las calles, un promedio de 5 o 6 kilómetros por día.

Visitamos gran parte del distrito, platicamos con muchos ciudadanos con muchos contextos y necesidades particulares. Tuvimos la fortuna de conocer de frente quiénes somos los mexicanos, cuáles son nuestros verdaderos sueños y esperanzas. Podemos decir que vemos de frente y a los ojos a todos quienes nos dieron su voto y su confianza, también a quienes nos dieron sus más acertadas críticas, a todos los que nos huyeron o se negaron a hablar con el equipo de brigadistas solo al ver qué logotipos conformaban nuestro proyecto. De todo aprendimos y, como la mayoría somos jóvenes, estoy segura que este aprendizaje lo llevaremos grabado todos los días.

Esto me hace invitar a los jóvenes en México a sumarse a una campaña electoral, al menos una vez en su vida. Les aseguro que, aunque no crean en los partidos, aunque estén desilusionados o enojados con la política, nada les dará más perspectiva que trabajar desde este lado del muro. Les sugeriría atreverse.

Muchos donaron lo más valioso que tienen: su tiempo. En especial, a las mujeres hermosas y poderosas que conocimos desde MISAC y que por convicción nos ayudaron a formar parte de las caminatas y brigadas. ¿Tienen idea de quiénes son las personas más entregadas a un proyecto social? Propónganle uno a sus madres, a sus hermanas, a sus amigas: las mujeres somos y seremos las más leales embajadoras del bien común. Reafirmé cada día esa convicción y estoy bendecida por tener a estas mujeres en mi vida.
El equipo de trabajo que muchas veces hizo lo que tenía que hacer por la campaña, incluso a pesar de todas las opiniones y las críticas.

Unos profesionales intachables, con una ética del trabajo envidiable. Su talento, su dedicación, sus horas de risa y su apoyo incondicional, estoy segura que fueron factores comunes en todos los equipos de campaña.

Y, claro, a los contrincantes, los críticos, los troles y quienes intentaron que bajáramos el nivel de nuestro discurso y de la propuesta, les digo hoy: gracias por permitirnos demostrarle a los poblanos que se puede hacer una campaña de altura, como las merecemos. Su presencia constante en las redes sociales fue un motor para mirar hacia arriba y hacia el horizonte.

Nuestro proyecto va a seguir, pero desde una trinchera distinta. Porque la primera intención nunca ha sido un cargo, una dieta o el fuero: siempre ha sido la necesidad de tener una mejor ciudad, mejores vecinos, mejores amigos. A ustedes que me hacen el honor de leer, los quiero invitar a que vean sus sueños como la posibilidad de mejorar, no solo su vida, sino la vida de los demás.

Que nuestra voz siga contando todos los días, que cada vez suene más fuerte.

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