Las redes sociales y la posverdad

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Anteriormente, obteníamos las noticias de fuentes como la televisión, el radio o los diarios y dábamos por ciertas la mayoría de ellas. En la actualidad, los medios de comunicación son más diversos y las redes permiten que cualquier persona que tenga acceso a un teléfono inteligente y datos móviles pueda ser también una fuente de información que se vuelve más o menos creíble con base en la interacción que causan sus publicaciones.

De esta manera, los periodistas “de escuela” se volvieron también multiplataforma: no solo escriben o dan las noticias en un medio masivo tradicional, sino que también tienen millones de seguidores en Twitter o fans en Facebook, lo que les da acceso a toda una nueva generación de consumidores de noticias, pero también se vuelven más vulnerables a la publicación de información imprecisa o falsa.

Las “fake news” o noticias falsas parecerían un fenómeno reciente, pero solo se popularizó este concepto con las elecciones de Gran Bretaña para separarse de la Unión Europea (Brexit) y durante el periodo electoral de Estados Unidos. La posverdad, también es una corriente que se convirtió en tendencia en los últimos años. Pero, ¿qué son y por qué debe importarnos conocer sobre ellos?

Con el escándalo de la empresa Cambrige Analytica, que filtró datos personales de millones de usuarios de redes sociales para actores políticos en varios países del mundo, se replanteó la discusión sobre la privacidad online. ¿Por qué cuando tenemos más acceso a otros y mayor conectividad somos más vulnerables? Porque nuestra información es un negocio rentable y las plataformas sociales lo saben y han permitido que grandes empresas se beneficien de ello. Por eso, hoy más que nunca debemos estar alerta a lo que consumimos y a lo que publicamos, ser responsables y sobre todo críticos de la información que vemos en las redes.

Entonces, diferenciemos: Las noticias falsas son, como el término lo indica, información irreal que se hace pasar por noticiosa y que, por su nivel de viralización, los algoritmos de las redes sociales le dan cada vez mayor relevancia y, por consiguiente, cierta credibilidad. Es decir, en términos más coloquiales, mientras más personas las compartan, nos aparecerán más seguido en el “news feed”, “timeline” o en la sección de noticias de nuestras redes y, en ocasiones, eso nos parecerá como información relevante o cierta. Existen páginas en Facebook dedicadas exclusivamente a la publicación de esta información.

Por otro lado, la posverdad es más compleja. Se toman datos reales y se mezclan con exageraciones o imprecisiones más obvias, pero que al estar combinadas con la información real, nos parece que son datos ciertos.

¿Cómo nos topamos entonces con esta información? Precisamente por lo que nosotros mismos compartimos o a lo que reaccionamos en línea. Si, por ejemplo, compartimos frecuentemente noticias sobre cierto tema, automáticamente recibiremos más información sobre este tema, publicidad, páginas relacionadas y personas que están reaccionando sobre ese tema, etcétera. Esto incluye información falsa sobre ese tema. Si nosotros, además, hemos sido enfáticos en una simpatía o en desagrado sobre ese tema, también influye en qué tipo de noticias falsas nos lleguen. Por ejemplo, alguien que sigue en Facebook páginas que niegan el cambio climático, que ha sido abiertamente verbal sobre ese tema, que ha tenido posiciones negativas sobre el cambio climático y que reacciona negativamente ante publicaciones de ciertas páginas de agencias ambientales o grupos de cuidado ambiental, tendrá muchas más posibilidades de recibir más estímulos que lo lleven hacia páginas con noticias falsas sobre el cambio climático. Entonces, esta persona no pensará dos veces en compartir estas publicaciones, haciendo esta misma información falsa accesible a su círculo de amigos y a otras personas.

Por eso es importante analizar, ponderar y depurar lo que compartimos y lo que nos llega a través de las redes (ojo, Whatsapp también cuenta). No vaya a ser que estemos siendo parte del problema. Cuidémonos en la red.

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