El Debate y las mujeres

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En el debate presidencial, el último tema giró sobre los derechos de mexicanos que pertenecen a grupos vulnerables. Sin embargo, solo dos de los cinco candidatos hicieron pronunciamientos públicos enfocados a las mujeres.

Fuera de ellos dos, en específico en ese tema, faltó contundencia en la propuesta para grupos vulnerables y hubo mucha discusión sobre las inclinaciones personales de los candidatos.

En general, el debate no tuvo un enfoque dirigido hacia las mujeres, los indígenas, la comunidad lésbico gay u otros grupos que necesitan ser visibilizados en México. Esto me hizo pensar que la retórica no necesariamente suple a la propuesta y, aunque es cierto que muchos nos dimos de cuenta de esta ausencia horas después, no deja de ser un hecho menor. Ricardo Anaya y Margarita Zavala fueron los únicos que incluyeron en su discurso la agenda de género, pero también los más apabullados por los moderadores y el resto de los candidatos.

Seamos claros: ambos representan corrientes políticas conservadoras de México, por lo que cualquier cosa que digan o hagan será materia de discusión desde esa visión. No obstante, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez han sido señalados (o sus corrientes políticas) por ser tibios o contrarios a lo que sus ideologías representan. Incluso, durante el debate, Jaime Rodríguez sobre utilizó el término “mi vieja” para hacer referencia a su esposa y llamó “gordas” -de nuevo- a las embarazadas excusándose en modismos regionales que no por eso dejan de ser machistas.

El partido de José Antonio Meade, que históricamente ha estado ligado al liberalismo, ha apalancado la objeción de conciencia de personal médico, el acceso de la iglesia a los medios de comunicación públicos y su candidato para Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Mikel Arreola es, a todas luces, homofóbico.

Me queda el candidato de Morena, que aunque representa a la opción de izquierda, tiene contradictorias propuestas respecto a los derechos de las personas homosexuales y está contendiendo en alianza con un partido de extrema derecha.

¿Entonces por qué se trató de reducir a los candidatos “conservadores” cuando en propuestas son los más transparentes en este respecto? Nos guste o no, la omisión de una agenda es signo de rechazo. Lo que nos indica que a Meade, López y Rodríguez, poco les interesan los derechos de las equivocadamente llamadas “minorías”.

Desde mi punto de vista, el ganador del debate, no solo por su manejo de los elementos argumentativos, por presencia y preparación fue Ricardo Anaya, porque además intentó subir a discusión el tema de la brecha salarial. Margarita Zavala falló en solo pronunciarse como “representante” de la mujer, sin ofrecer un vistazo a su agenda para la mujer.

Es posible que el formato haya sido más entretenido y llevadero, pero faltó que se pusiera énfasis en los temas conductores, que la discusión fuera sobre estas diferencias de agenda y que no nos salieran debiendo a los ciudadanos.

Como mujer, me hizo falta saber más sobre esto. Como votante, necesitaba más énfasis. Espero que en los próximos ejercicios, se vea esta verdadera esencia de cada candidato, porque de eso también trató el debate, de hacer un tamiz de la persona como líder y de conocer las limitaciones que nuestro próximo presidente pueda tener.

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