Alfonso Esparza, el nuevo “Filizola”

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Cuando están por cumplirse 25 años de que hayamos visto una de las aberraciones más grandes en el fútbol mexicano, protagonizada por el entonces rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), Humberto Filizola Haces, se escribe una nueva página en la historia de la Primera División nacional, representada por Alfonso Esparza Ortiz, rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

Corría la última fecha de la temporada 1992-1993; el Correcaminos de la Universidad de Tamaulipas recibía en el estadio Marte R. Gómez al América, dirigido por el Argentino Zurdo López.

En un acto de desvergüenza sin precedentes y actuando como “dueño” del Atlético San Pancho, el entonces rector de la UAT, decidía cumplir el sueño de debutar como jugador en el máximo circuito del fútbol profesional en nuestro país.

Filizola jugó tan solo 28 minutos en ese partido, lo que le valió pasar a la historia como la figura pública que, abusando de su posición y haciendo uso de todos los recursos a su alcance, enviaba un claro mensaje de que cualquier “payaso” estaba por encima de las Instituciones, en un sexenio –el de Carlos Salinas de Gortari- donde todos los actores políticos podían hacer y deshacer con recursos públicos lo que mejor les viniera en gana.

Los tiempos han cambiado y los aficionados al fútbol pensaban que ese desafortunado episodio había quedado en el olvido, hasta que en días recientes nos topamos con un desdibujado personaje, homólogo al entonces debutante del balompié nacional Filizola Haces, el “distinguido” rector de la BUAP, Alfonso Esparza Ortiz, quien como si viviéramos en el siglo pasado, decidió jugar al empresario del deporte con mayor número de aficionados en México y nombrar a su hija Luza Esparza Presidente del ahora descendido equipo de fútbol.

Sintiéndose dueño de la franquicia de Lobos BUAP, al nivel de Jorge Vergara o Emilio Azcárraga, dueños de las Chivas y del América, respectivamente, nuestro oscuro y triste personaje, quien también se cree dueño de la BUAP, la cual tiene como valores principales ,-o al menos eso muestra en su página de internet- “su estricto apego a la legalidad y que promueve entre su comunidad universitaria la solidaridad, la justicia y la democracia” parece haber olvidado los principios más fundamentales al dar una clara muestra de nepotismo.

¿Habrá pasado por la cabeza de Esparza Ortiz alinear también en el equipo de Lobos BUAP y pisar la cancha del estadio universitario como jugador?

¿No debería de predicar con el ejemplo la Directiva del equipo de fútbol de una Universidad Pública que pregona esos valores?

¡Debería!, pero es mucho pedirle a Alfonso Esparza, a su hija y al “asesor” deportivo de ambos, José Hannan -artífice y ejecutor del ascenso tramposo del Puebla en el 2005- que esos valores se hubieran transmitido al equipo de fútbol y que a su vez permearan a la Comunidad Estudiantil con el ejemplo vivo de estos tristes personajes.

El señor rector, merecidamente será recordado en la historia del fútbol como el Filizola moderno, irónicamente 25 años después cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo.

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