El gran proyecto de las mujeres mexicanas en la política

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Por primera vez desde que tenemos el voto, puedo sentir que el momento de las mujeres en la política ha llegado: en uno de los estados más críticos en materia electoral, la mitad de las candidatas son mujeres. Evitando entrar en detalles o debates que solo competen a los mexiquenses, salta a la vista que Delfina Gómez (Morena) y Josefina Vázquez Mota (PAN) se alejan del molde tradicional de la política mexicana: la comparsa o sustituta de fórmula de los hombres.

Todos nos acordamos de Las Juanitas, ocho diputadas electas – por sus partidos, no por los electores- declinaron al cargo para dar paso a sus sustitutos: todos varones. El escándalo reabrió la discusión sobre las “cuotas de género” que se impusieron a los partidos para “permitir” que llegara un cierto número de candidatas mujeres a puestos de elección. El insulto era que muchas de estas cuotas se destinaban a las diputaciones plurinominales; con la insistencia tácita de que la mujer no tiene capital o fuerza política para ser elegida por los ciudadanos. Afortunadamente, muchas mujeres se están encargando de cambiar las cosas.

Es posible que modelos como Dilma Rousseff, Angela Merkel, Hillary Clinton y otras hayan servido como ejemplo del potencial político de la mujer en los puestos más altos de toma de decisiones. Que esto haya demostrado que las mujeres conectan con el electorado y que, además, tienden a mantener sus promesas de campaña y a desempeñar los puestos de una forma más ordenada de lo que se pensaba. En este punto, no quiero hacer una comparación y no es la intención de esta columna decir que los hombres no cumplan sus promesas o que tiendan a tener un desempeño pobre; me refiero a que era sumamente complicado para la sociedad y para los organismos políticos pensar que una mujer también tenía estas capacidades.

El resultado es que ahora haya más mujeres buscando estos puestos. Eso, por sí solo, es un enorme avance en materia de derechos políticos para la mujer.

No obstante, este arrojo contrasta con las crecientes dificultades que enfrentan las mujeres cuando quieren ejercer sus derechos políticos. Tal parece que, mientras más mujeres están preparadas para dar el salto, más resistencia existe por las estructuras. También cada vez se hace más notoria la inequidad representativa entre hombres y mujeres, pues solo el 33.8% de los diputados federales son de sexo femenino; es decir, solo contamos con 169 diputadas. En la Cámara de Senadores la diferencia es más marcada: de 128 peldaños, solo 38 son ocupados por mujeres (22%).

Esto nos quiere decir que: mientras más alto aspire una política mexicana, se encontrará con mayor resistencia. De acuerdo a la Federación Nacional de Municipios de México, las mujeres gobiernan 132 ciudades mexicanas; el país ha tenido solo siete mujeres gobernadoras en su historia y el mundo cuenta solo con 10 presidentas de naciones y seis primeras ministras.

Esto lo podemos ver como una derrota –y victimizarnos- o como una oportunidad y aprovechar el momento histórico que vivimos. Es ahora el mejor momento para que las mujeres pongan la agenda política en México y el mundo, justo cuando estamos en un tiempo de incertidumbre generalizada, donde nuestros liderazgos aportan temple y determinación. ¿Se apuntarían?

Contáctame en Facebook como /MarielaSolis y en Twitter como @mariela_sor

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