“El Castaño y Molotes Rincón”

Mi amigo “El Castaño” estaba enchilado.

Y no era por la cemita de pata con hartas rajas que se estaba empujando.
El motivo era un congresista al que le apodaban “El Molotes” Rincón (porque tenía una embarradita de sesos)

“El Molotes” era un deshecho del partidazo al que lamer yemas no le había funcionado.
El antiguo Don lo había rescatado y lo colocó en posiciones estratégicas durante su mandato.

Lo hizo: Congresista, funcionario público y le encargo tareas delicadas.
“El yo no fuí” Chedraui nos había avisado que “El Molotes” había roto la promesa de lealtad que un día juró.

Palabras más, palabras menos, nos dijo que se había lanzado cual vil perro hambriento sobre la mano que le dio de comer un día.
“Al ex Don le faltó mano dura para contener las bandas del crimen organizado” había dicho.

-Maldito bastardo, es un traidor, hare que se trague sus palabras” gritó “El Castaño”

Mi amante, una nueva joya de la política me dijo.

-Vámonos Tonny, no aguanto los eructos a pápalo de tu amigo.

La idea no era mala y es que el aroma a pápalo mezclado con la bilis del castaño era insoportable.

Agarré mi habano y me dirigí hacia otro bar de Angelópolis.
“El Castaño” siguió enfrascado con su cemita y su bilis.

Durante el camino mi nueva amante tomó mis pelotas como si fueran bolas antiestrés.
Así que llegué al bar más que relajado.
Ahí me encontré al “Molotes”

-Mi Tonny.
– “Molotes” ¿cómo te va?
-De maravilla. El Don me tiene en alta estima.
-Pobre idiota, si supieras lo que realmente piensa el Don de ti, ya te hubieras largado del estado –pensé.-

Una amiguita del “Molotes” me dijo que la acompañáramos a su mesa.
Le di un beso en señal de agradecimiento y le susurré: A tí te acompaño hasta al infierno.
La mujer se sonrojó, me apretó las nalgas y sonrió.
Unos empresarios me reconocieron y se acercaron a saludar.

Un congresista en desgracia me mando un cartón de cervezas.
Un funcionario me mando una lolita con una botella de cogñac y me gritó: “Tonny, si te la echas te mando otra”.
“El Molotes” fue más elegante y me mando doscientos gramos de polvo de Bolivia.
Mis nenas y yo nos dimos un atracón de lujo.

“El Molotes” se acercó y me dijo: Ayúdame Tonny, piensan que traicioné pero es cuestión de sobrevivir.
-Ni loco metería las manos al fuego por ti. El mundo se divide en dos: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tenemos nosotros, así que ya puedes coger la pala. “Le dije”.

Un aroma a pápalo y a bilis inundó el ambiente.

“El Molotes” palideció y su rostro se desencajó cuando vio al “Castaño” acercarse.
La función iba empezar. Yo tomé a mis chicas y me fui al motel más cercano.
Y es que me encanta el olor a pólvora, pero me encanta más el olor a sexo.

 

Mi cuenta en twitter: @soprano_tonny
Periodismo Ficción

 

 

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