“La noche triste de Alfonso Esparza”

“Sólo hay dos lugares para ti: La cárcel o el exilio”, le grité fulminantemente al Tío Poncho.

Pero Tonny, tienes que ayudarme, te pagaré lo que pidas – me dijo suplicante –

Tú no tienes nada; el dinero con el que vives, compras y sobornas es de la universidad.

El Tío Poncho no pudo más y cayó al suelo a punto del lagrimeo.

Lo confieso, no me conmovió, me provocó algo de asquito.

Y es que es lo menos que puede producir ver llorar  a un tipo flaco, anémico, pillo y traidor.

El Tío Poncho me había venido a buscar con la intención que lo apoyara con la ASF que tenía en sus manos un informe completito de las corruptelas al interior de la institución que presidía.

Las observaciones no eran menores:

“Millones de pesos desviados a través de los comités de contraloría social que bajo un esquema perfectamente amañado permitían al tío poncho disponer de recursos para él, su camarilla y sus sobrinas”.

No me espanta que existan rufianes de esa calaña, pero me es insoportable convivir con traidores. Puedo admitir que existan, pero que no me hablen ni me miren. El historial del Tío Poncho en eso de las traiciones haría palidecer a más de un político.

Desde pequeño fue un niño rechazado por sus compañeros de clase y es que fue descubierto pasando información al director de todo lo que sucedía en su ausencia.
Sus mañas en vez de limarse se abrillantaron cuando delató a su hermana en una comida familiar de haberse “metido” con el conserje de la prepa.

Políticamente en la universidad pasó desapercibido como tesorero, pero tan pronto tuvo el poder y asumió la silla principal que le heredo “la Güera” le clavó la daga en la espalda.
Uno de los acuerdos era que lo apoyaría para llegar al palacio municipal. Lo que hizo fue detestable. Operó con Dios y con el Diablo.

Cínico y Maquiavélico intentó  rebelarse al Don en su informe de labores.

“Ni una más” le dijo – en referencia a los feminicidios- Entre el Castaño y yo le llevamos de manera inmediata un mensaje. Una cabeza de marrano fue testigo del  apretón de huevos y unas cachetadas con mi Glock.

Pero la traición más memorable la hizo con el Don –Tony Gallo- a quien en corto le juró amor eterno y poner todos los recursos a su disposición.

Pero la misma propuesta se la hizo a la “finita” Alcalá.

¡¡Vaya tipejo es un traidor, lo único que tiene de trasparente son sus calzones de manta!!

Las lágrimas del Tío Poncho me volvieron a la realidad.

¡¡Es en serio, el tipo chillaba como una rata a punto de morir!!

Fastidiado lo tomé por su ridícula corbata y le dije: “Elegiste ser un traidor, y eso conlleva responsabilidades.

Una vez Teddy Roosevelt dió un discurso entero con una bala alojada en el pecho.

Hay cosas que son cuestión de deber.”

Tomé el dinero que me llevaba y me fui con su sobrina.

 

Periodismo ficción.
Mi cuenta en twitter: @soprano_tonny

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