El extremo independiente

Los candidatos de partidos, en teoría, al menos obedecen a los principios ideológicos

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Del año pasado a la fecha, los ciudadanos interesados en obtener una candidatura a puesto de elección popular de manera independiente aumentó de manera significativa, más del 50%. Esto atrajo la duda sobre el origen de estos candidatos: muchos sin ningún tipo de relación con partidos políticos y otros utilizados como “plan B” de los propios partidos políticos.

Todos se manejan sobre el discurso de que la “partidocracia” está en desuso y que los “partidos de siempre” no cumplen con las exigencias de la ciudadanía que, dicho sea de paso, cada vez observa con mayor desconfianza al sistema político mexicano.

La figura de El bronco despertó un nuevo interés en algunos ciudadanos que vieron un canal para participar y ganar en las próximas elecciones del 5 de junio, ciudadanos con la convicción y el pensamiento de que ejerciendo el poder se puedan cambiar las cosas erróneas del país, sin embargo, una mayoría de estos candidatos provienen de algún partido político y aunque esto per se no sea negativo, si causa incertidumbre y preocupación que con su experiencia como ex funcionarios o ex candidatos de partidos, ex legisladores o no siendo beneficiados por su partido solo busquen el poder para beneficio personal y de un grupo selecto o, peor aún, por simple revanchismo hacia un grupo opositor, léase, no como causa genuina sino como continuidad de las viejas prácticas.

El problema surge al creer o pensar que el status moral de estos candidatos independientes es superior al de los candidatos de partidos. Si bien es cierto que las precampañas y casi ya campañas de los candidatos de partidos políticos se basan en acusaciones de unos contra otros, los independientes tampoco ofrecen un plan de trabajo o propuestas concretas dignas de tomarse en cuenta, solo, insisto, repiten el discurso anti “políticos de siempre” y esto no garantiza en lo absoluto sean o vayan a ser buenos gobernantes o legisladores.

Los candidatos de partidos, en teoría, al menos obedecen a los principios ideológicos que representan o con los que se sienten identificados, pero en el caso de los independientes no se exalta la figura de ser ciudadano libre con ideas nuevas y viables, sino únicamente se resalta el hecho de no pertenencia a un partido político y esto no dice nada, no propone ni abona en nada. Sumado a lo anterior, la afirmación de los independientes de que su apoyo o bancada (para los que buscan ser legisladores) está en los ciudadanos, resulta un poco ingenuo, ya que en el sistema político mexicano como en muchos otros la figura del cabildeo y las negociaciones podría reducir sus propuestas a grado de solo buenas ideas.

Otro riesgo que veo en la figura independiente es que pueden ser utilizados para dividir en voto en entidades en las que las rivalidades PRI-PAN o PRI-PRD dominan la alternancia del poder como simple estrategia electoral.

De acuerdo con los datos de los Institutos electorales en donde habrá elecciones este año, serán 476 candidatos independientes de los cuales, 27 aspiran a ganar una gubernatura, 245 alguna presidencia municipal, 154 una diputación local y los 50 restantes un lugar en la Asamblea Constituyente de la hoy llamada Ciudad de México, es decir, será un número considerable de independientes que buscaran participar y esto creo que en lugar de abrir el abanico en un sentido positivo, solo dividirá al electorado. En el caso de Puebla eran 7 candidatos independientes que iniciaron la carrera por obtener las firmas requeridas por la autoridad para poder aparecer en las boletas electorales pero con el paso del tiempo solo se vislumbran dos candidatos: Ricardo Jiménez y Ana Teresa Aranda. Y es que de por sí, el lograr ser independiente no es tarea fácil, según estudios solo 1 de cada 4 logran su registro y 1 de cada 20 tienen posibilidades de ganar.

Los candidatos independientes están en todo su derecho de participar como sujetos activos de las decisiones electorales pero aún adolecen de un mecanismo que les otorgue la fuerza suficiente para poder representarnos. Considero que lo que se debe fortalecer es la rendición de cuentas, la evaluación de los políticos para que exista entonces una verdadera presión para realizar de manera óptima el trabajo encargado. Habremos de observar como esta nueva figura en México funciona, observar que tanta atracción y empatía se logra con los electores, pero sobretodo, que tantos resultados se obtienen siendo independientes.

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